Está en ti la luz, el viento y la palabra,
la presencia del tiempo denso y lleno,
está en ti la muerte derrotada,
la mirada de un dios sediento, antiguo,
el azar del silencio
roto por la quebrada estrella de cantarte
tanta umbría desierta,
tanta espaciosa anchura, tanta aurora.
Está en ti lo que soy,
lo que fui, ante tus ojos incendiados,
cuanto seré hasta el instante mismo,
la saciedad imprecisa de la muerte.
Está en ti mi vida:
eres suma celeste,
angelical anuncio, profecía
salvaje de tu cuerpo enamorado.
Calidez repentina de tus pómulos,
adivinadas olas de tu boca,
tu sonrisa. Tu amor embravecido.
Está en ti la luz.
Qué otra cosa decir. Toda la luz.