Toda la suavidad llena tus ojos,
luz húmeda y oscura,
temblor pequeño
asomado
como un niño de pronto a mis pupilas.

Amor mío, lo sabes,
se enredan en mi boca
palabras de sonidos trepadores,
y parece que sean
barro a veces,
y vasos para el agua del deseo.

Fresca hondura de viento y cauce dulce,
sal mentida de amor,
mar extendido,
hoy qué lejos la muerte y su costumbre,
qué insolencia de azahares al besarte,
de menta y de recuerdo.

El aire que se sube hasta tu boca
sacia su soledad,
puebla tu cuerpo;
luego se adentra en mí,
y regresa
hecho palabra 
a tus labios,
y se moja en tus ojos,
alfareros de luz, temblor, silencio.