Ha prendido, mi amor, toda tu fuerza,
como una llamarada,
en el jazmín callado de mi cuerpo.

Y ha entrado en mi boca,
y me ha quemado
la nieve dulce de tu boca.

¡Ay mi cuerpo de nácar,
ay mi boca de menta y de recuerdo!

Pon tus dedos de viento,
sobre la espalda suave
del silencio,
sobre la piel huidiza,
herida en la memoria de tus besos.

Y ponme en las palabras,
la textura sabrosa del recuerdo,
¡que suban a mis ojos
y dejen el reflejo
de tus ojos, mi amor, 
inmensamente abiertos!

¡Ay mi cuerpo de nácar,
ay mi boca de menta y de recuerdo!