El sueño espeso del deseo,
la vestidura blanca del olvido,
sus ojos, vacíos y hondos,
todo lo deposito
en el umbral incierto del silencio,
y busco
la humedad impaciente,
la soledad espaciosa de tu boca.
Como aves antiguas
las palabras se mojan
tibiamente en tus labios,
y enseguida
alzan de nuevo un vuelo
oscuro en las moradas
secretas de tus ojos. 
Dónde pondrán sus cuerpos
pequeños y lascivos,
alados y precisos,
en qué lecho ansiarán
el temblor
dulce, la llama fría,
los labios resecos
de la muerte.