Por tu cintura
cuánto albedrío
te rebusca la fuente
de viento vivo.

Por tu mirada
qué sol tan alto
pone agujas de fuego
y amor tan largo.

Ay, qué lamento,
si los besos te quito
de los recuerdos.

Ay, qué regalo,
que me dejas el alma
mojada en canto.