Busquemos en tu boca
aguas de mayo y tiempo demorado,
labio de luz, figura
de dolencia de amor, voz acallada.

Y por tu cuerpo echado
en el lecho de instantes recogidos
qué vendimia de besos
qué sabor de recuerdos deliciosos.

No sabremos si el cielo
nos rebosa por dentro o nos recubre
su desnudez copiosa,
su fulgor azulado y silencioso.

Y al estrechar tus dedos
los míos con tan tensa mansedumbre
¡la soledad se quiebre
en oleajes de pétalo y de vuelo!