Por dentro de tu voz, por interiores
desnudos de sabor precipitado,
por el oscuro azar de los olores
que rebosa tu cuerpo derramado,

voy arando minutos y temblores,
certidumbres de amor ambicionado,
surcos de pluma y luz, porque demores
el placer, de tu carne desgajado.

¡Ay qué viento de espumas y de vidas
se desata en las bocas y devora
la cumbre derrumbada en mil heridas!

¡Ay qué brillo de nieve retadora,
como un nido de nubes detenidas,
por tus ojos se extiende y aun se dora!