En una dulce espera,

deseosa de brisa y de rocío,

sobre la hierba tiendes

la blancura que acecho

por tu sueño de aceite dibujado.

Ah, te querrá vestir la madrugada

su túnica de luz, tan lentamente

con las manos de rosa y de silencio.

Esa caricia temblorosa,

mojada de la duda que amanece

en resplandor incierto. Y los besos,

las húmedas plegarias

te sembrará mi boca peregrina,

devota de tu aurora destilada.