Escribí estas palabras para darte
el sonido de labios que besaron,
que buscaron el fondo de la boca
frutalmente deseada y carnalmente.
Quise que se extendieran como brotes
por tu piel erizada los recuerdos
de primaveras claras y obstinadas
a destiempo de ausencias y descuido.
Que inexorablemente
fueran para tus ojos oraciones
que invocaran tu hola enfebrecido,
la dulce niebla fresca de los besos,
el abrazo desnudo y la caricia
de los cuerpos gozosos y extenuados.
Y deseé, sin más, calladamente,
que al llegar al final de la lectura
se entreabrieran tus labios un momento
por buscar este aire que se escapa
encendido y amante de mi pecho.

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