No quisiste contener la sombra, su espacio creciente, negro, espeso, su avance de seducción lenta y oscura, como un lecho de niebla y de silencio. Y tuve que recorrer con mis manos tu cuerpo recordado, convertido en volumen mudo, rescatado y cubierto, piadosamente, por el sudario explícito de la palabra seca, escrita, diluida. Y fue beber de ti, como de un manantial de tiempo exhausto, de cansancio vencido y envuelto en descuido y flacidez, beber de la laxa sucesión de piel, de la adoración y la ausencia, de la memoria bordada en el tejido huidizo de la tarde.
Qué importa ahora si a tientas busco tu voz, la forma de invadir instantes, el camino. Qué sentido puede ocultar el encuentro, la vibración, el salto. No es sino vacío esta busca. Imposible en cambio evitarla, extraer de la huella el contacto, de la evocación el cuerpo, su evidencia palpable y fructífera. No quisiste. No queda nada.
Las palabras ya no ofrecen, como antes, su sonido para acoger recuerdos, intuiciones, deseos, sensaciones. Se me acaba esa virtud con que antes cambiaban los momentos en versos y en músicas de sorpresa y disfraz. No siento en ellas sino hastío, repetición, cita; ya no descubrimiento. Y no sé si en estos poemas hay más valor que la pura sinceridad de la expresión. Si acaso están en algún punto tocados por la mano de la poesía auténtica, de esa inspiración que traspasa las palabras para atrapar lectores de ahora o del futuro. Ojalá fuera así. En todo caso, no es poco que puedan haber tocado el alma de conocidos y desconocidos, de algunas personas que han hallado agradable leerme.
No queda, pues, nada por decir. Por el momento, al menos. Y espero que quienes me hayan seguido hasta ahora encuentren otros lugares de mayor inspiración y mérito. A todos, mi más sincero agradecimiento. Quizá, si la paciencia os trae de nuevo por aquí por releer, encontraréis palabras nuevas. Nada puedo prometer. Gracias, pues. Y hasta siempre.
Todas las cosas no están al alcance de todos. Es cierto que la libertad, esa sensación incandescente que comunica el estar vivo, no puede hacernos olvidar que ardemos consumiéndonos, que la vida es el combustible de la libertad, que vivimos en la chispa feliz del instante.